Este es el peor lugar para manejar

El Salvador ya tiene la plusmarca de ser uno de los países más violentos del mundo. Ahora, Waze le dio otro bochornoso título del cual sentirse (nada) orgulloso: el peor país para manejar en Latinoamérica. ¿Será esto último también culpa de la violencia?

Por Cecibel Romero

Los lunes parecen grises y difíciles aunque alumbre el sol, y el primer lunes de octubre no fue la excepción. Después de encender el carro, los conductores debían girar el botón de los limpiavidrios y, los más precavidos, incluso encender las luces. San Salvador tenía que moverse con lluvias débiles a moderadas y un cielo color panza de burro.

Las entradas a la capital salvadoreña, en los cuatro puntos cardinales, son una pesadilla diaria, y peor con lluvia. La conversación y quejas sobre el caos era inevitable, además, había otro ingrediente a la cháchara: Latinoamérica tiene siete de las 10 ciudades con peor tráfico del planeta y El Salvador está en ese top ten, según Waze.

En el estudio llamado Índice de Satisfacción Global de Conductores la app más popular entre conductores –sí, Waze-, midió la frecuencia y severidad de las trabazones (salvadoreñismo que algún día aceptará la Real Academia Española para referirse al congestionamiento vehicular), la calidad de las vías y la infraestructura, así como la seguridad de los conductores y pasajeros (basados en la cantidad de accidentes, obstáculos en la vía y el clima, el acceso que tienen los conductores a servicios como parqueo y estaciones de servicio).

El Salvador está acostumbrado a figurar en el ranking de los países más violentos del mundo, pero luego de encuestar a 50 millones de usuarios, Waze ha dado un nuevo pretexto a la vergüenza nacional: esta es la peor ciudad para conducir.

Este lunes, a las 6.10 de la mañana, se juntaron todos esos factores para confirmarlo. Tenía 20 minutos para cruzar la ciudad, así que -optimista- encendí el auto y la radio.

Los locutores hablaban sin parar sobre la deshonrosa medalla, e inmediatamente los oyentes se sumaron: en un país donde “todo queda cerca”, los mismos conductores son los causantes del caos, son ellos los que parecen insistir en desobedecer la semiótica del lenguaje y consideran que el rojo de los semáforos significa “permiso par avanzar y quedarse en medio de la calle”, haciendo un tapón mientras espera una nueva luz verde.

Como los que cometen homicidios y otros delitos graves, los conductores no tienen temor a la ley ni a la autoridad. Un agente de tránsito debiera aplicar una multa de $34.29 dólares por esta infracción, que se considera “falta grave” (no tan grave como asesinar, pero grave al fin). A nadie le importa, aunque si decidiera aplicar el Reglamento de Tránsito en cada esquina, el Estado podría obtener muy buenos recurso$, nadie frena la furia auditiva del claxon o a los que avanzan a empellones, como si el auto fuera un tanque de guerra, en especial, los vehículos de transporte público. “¿Quién les ha dicho que con sólo poner las luces intermitentes ya tienen derecho a parar donde quieran?”, comenta en radio Carolina. Cierto.

A medio camino, un mensaje de texto desactiva mi cita por “razones de lluvia” y sonrío. Alcanzo a ver el tráfico largo y lento sobre la que sería mi ruta: una recta de 3.2 kilómetros, ideal para ser usada como pista de Fast & Furious en las noches, pero de día, se convierte en una banda de aeropuerto que va arrastrando lentamente vehículos. Sin tráfico esa avenida debería cruzarse en 7 minutos, pero en sus peores momentos, puede tomar tres veces más. Al “estrés por lentitud” hay que sumar el miedo al robo de celulares o carteras, servicio criminal ofrecido directo en el auto. De hecho, una de las cuentas de twitter con más seguidores es @Alertux , donde usuarios alertan sobre los atracos.

“Caos total. No se mueve nada”, reporta otro oyente. Miro Waze y parece un río completo de color rojo y globos que indican tráfico denso. Imposible evitar las saturadas vías principales; algunas calles podrían ser vías de escape a las trabazones y robos, pero tienen portones colocados por los vecinos para “autoprotegerse”.

Un semáforo descompuesto descontroló los tiempos de avance y la gente, desesperada, camina bajo la lluvia hasta que encuentra transporte público. No saben que más adelante el tráfico sigue debido a un atropellado, que deberá esperar bastante a que llegue la policía. Además, si consideramos que asesinan a 23 personas al día, los forenses tienen mucho trabajo. Antes de amanecer las pandillas habían asesinado a cuatro empleados de una ruta de transporte, eso sucede cuando las empresas no pagan “su cuota” de extorsión. Los crímenes contribuyen a dos estadísticas: inseguridad y violencia, pero también tráfico: hay que cerrar parte de una vía en lo que llegan las autoridades.

En 2000, el parque vehicular de El Salvador sobrepasaba los 460,000 vehículos. El año pasado, la cifra superaba los 850,000. El Estado no se preocupó por buscar una opción de movilización masiva, y eso que el 82% de la población se mueve en transporte público. Los buses y microbuses proliferaron sin control, porque se convirtió en un negocio que manejan privados pero que subsidia el Estado, y aún así, es un mal servicio: unidades viejas, maltrato al pasajero, desorden de horarios.

En enero, finalmente se inauguró en la capital un transporte público masivo que circula en un eje privilegiado, inspirado en el Trasnmilenio de Colombia. Sin embargo, el recorrido es muy corto y siempre en circulación las mismas 12,000 unidades de buses y microbuses con sus motoristas expertos en “zigzag” y bruscas maniobras. Saturan las calles y contribuyen a deteriorar el ambiente: el 51% de las emisiones que afectan la calidad del aire son responsabilidad del transporte público.

En mi regreso a casa, alcanzo a ver un choque. Un vehículo frenó al encontrarse con la mitad de la calle bloqueada y otro le golpeó atrás, ¿conclusión? Más puntos rojos en Waze, con un promedio de velocidad de 7kms/h. La primera causa de accidentes es la distracción y no el exceso de velocidad.

En 1977, el famoso diseñador Milton Glaser creó la campaña que le cambió el rostro mundial a Nueva York: I love Nueva York.

Casi cuatro décadas después, hay muchas variantes en el mundo, siempre tratando de conseguir el mismo objetivo: inspirar identificación o afecto por la ciudad o alguna de sus características.

En El Salvador, una pequeña empresa recién lanzó un diseño con la leyenda “I love trabazones”. Podrían hacer otra edición: “La peor ciudad para manejar de AL".

elmeme, 24.10.2015