El país que viene

Dos balas, un taxista y su hijo muertos, elecciones locales y un café Bella Nápoles en el Centro Histórico de San Salvador cerrado.

Por Cecibel Romero

Debo olvidar que escuché la muerte hace 15 días. Fue una semana después de la reventazón de fin de año. Y aunque aún tenía mis oídos acostumbrados al estruendo de la pólvora, al segundo balazo sentí que eso no era un rezago de esa mala costumbre que tenemos los salvadoreños de alegrarnos con ruido y contaminación.

Vi la muerte a través del humo que aún no se disipaba del lugar donde mataron a un taxista y su hijo. Por la topografía, no alcancé a ver los cuerpos tirados cuando giré la cabeza. Era domingo y ya faltaba poco para el repique de las 7:00 de la mañana. En esa cuadra, además de mi perro y yo había políticos. Pero ellos veían todo desde las alturas. En ese poste de al lado donde instintivamente me agaché estaba Benito Lara, el ex ministro de Seguridad, sonriendo. Pidiendo una nueva oportunidad. Como si ya hubiera olvidado los vientos de cambio con los que amanecimos el 16 de marzo de 2009.

A los 15 minutos, llegaron los soldados, la policía con su cordón amarillo (no pasar). Los forenses, como siempre, tardaron un poco más. La zona se volvió transitable hasta después de mediodía. Un conocido subió más tarde -a facebook- la foto del señor taxista porque lo trasladaba frecuentemente desde hacía años.

El fuerte viento de esos días se llevó a Benito y a sus otros “compas”. La naturaleza es más sabia que nosotros, los votantes. Los afiches desaparecieron de esta cuadra que está muy cerca del límite entre Mejicanos y San Salvador.

Continué mis días y asumí que llegó el momento de ponerle atención a lo que ofrecen los candidatos para este y otros problemas. Aunque la mayor parte del tiempo se pueden evadir las entrevistas (¿entrevistas?) de radio y televisión, ahora hay una responsabilidad de escuchar las grandes, pequeñas, nuevas y viejas ideas. Contrario a la campaña pasada, los dos candidatos fuertes por San Salvador sí están asumiendo que la inseguridad les toca. O, al menos, que es una ficha probada para ganar votos.

Por mucho que nos ríamos de la puntada del candidato “comelibros”, al final lo que interesa es conocer cómo concibe la función pública y qué políticas viables está dibujando para caminar con tranquilidad. No hay planes claros y consistentes; solo enumeración de ocurrencias y repetición de las frases hechas en la agencia de publicidad.

Una amiga me sugirió que cada vez que me asaltara la escena de los dos tipos en una moto a toda velocidad, el “pump pump” de los balazos, piense en algo bueno y distinto. Comencé a practicarlo y me ayudó. Ya no me dan pánico las motos que circulan mientras camino por la calle.

Pero ahora el miedo es volver a escuchar que todos estos políticos van a seguir sentados en una curul, en un despacho de gobierno local sin saber cómo detienen el deporte de matar. No lo saben porque en las últimas décadas se han dedicado a fomentarlo: desde las agencias de seguridad; desde la cultura individualista y guerrerista. Y a practicarlo con saña desde la misma institución protectora: la Policía Nacional Civil.

Ese es el país que viene. Y todo lo demás es cuesta arriba, porque lo determina, empuja, retrasa, bota o frustra la inseguridad. Cada uno puede pensar en un ejemplo cercano. Yo les dejo el más viral de la semana: el cierre del café Bella Nápoles, en el Centro Histórico de San Salvador.

Medium, 24.1.2018